martes, 4 de julio de 2017

LO QUE FUE DE SAN AGUSTIN




En estos tiempos que tantos pequeños negocios desaparecen, podría parecer exagerado hablar de un cierre concreto, pero no es así. Están cerrando pequeños negocios que se siente ahogados por la competencia, y porque la zona antigua se está quedando poco menos que desierta. Algo de eso le está pasando al simpático Barrio de San Agustín, que casi todos los vecinos que puedan quedar cogen en un portal de zapatero.

Y no será porque recientemente la Plaza no la hayan puesto "bonita". Lástima que Miguel Escudero Melero, el eterno amigo de San Rafael, no estuviera aquí para presenciarlo. El hubiera disfrutado mucho con este embellecimiento de la Plaza, en donde los empedradores, y demás trabajadores han hecho una labor maravillosa.
 
Es justo conceder mérito a quien lo tiene y en este caso un "Pulgarín", Rafael Soto Gavilán, ha trabajado lo indecible para que su San Agustín lo rehabiliten. Seguramente le habrá costado muchos paseos, muchas llamadas y muchos papeles que mover, pero al final afortunadamente lo ha conseguido. Primero fue la Virgen de las Angustias y ahora ha sido la Plaza. También en toda esta labor ha habido personas como Angelita Calderón Trujillo, que también ha trabajado mucho por el barrio.

Y es que San Agustín desde que a primeros de los años 1960, trasladó sus puestos y mercado a la zona que luego se llamó la "Plaza de la Mosca", aquello se quedó solo y sin apenas vida y desde entonces no se ha recuperado.

El Mercado de San Agustín en los años 40, 50 y 60, campaba por sus respeto, y eran muchos los puestos de todas clases, que atendían a los muchos vecinos, que por la calles Los Moriscos, Costanillas, Cárcamo, Montero, Calle Aceituno, Calle Ocaña, Calle Jesús Nazareno, el Pozanco, etc. etc. afloraban a San Agustín. Baste decir que la Calle Roelas eran un desfilar constante de personas y vehículos de todas clases que transportaban las mercancías desde las Lonjas Municipales. 

VENDEDORES DE SUERTE

Diariamente en el Mercado de San Agustín acudían las mujeres de media Córdoba, allí hiciera frío o calor, tenía lugar el "Milagro de la Vida" ya que todas las mujeres acudían con lo mucho o poco que tenían para adquirir lo que necesitaban. En San Agustín se actualizaba día a día, la información y los conocimientos de lo que ocurría en Córdoba. Se comentaba el número de los "Ciegos", se hablaba de muertes, de enfermedades, de chismes y de toda clase de novedades. Normalmente los que solían ir a primera hora, eran los que por regla general tenían el dinero previsto, y los que iban a última hora, eran los que tenían que buscar el dinero por donde fuera. Por ello había puestos con pescado y fruta de primera postura, y puestos de última hora, en donde te llevabas los restos que habían quedado para última hora.

Pero había gente empeñada en cambiar la suerte de los que compraban y había tres o cuatro vendedores de la ONCE, que aparecían por el Mercado acompañados de sus respectivos lazarillos, que por lo general eran "chiquillos" que participaban de esta forma en su primer empleo. Antonio "El Organista" solía ponerse junto a la puerta de "MARGALLO", Manolo "El Ciego" en la esquina de la Calle Montero, y Rafael "El Papelillos" en la puerta de la "Taberna de la Paz". Luego también había gente que vendía participaciones de Lotería, como Feliciana, aquella pequeña mujer de estatura, que destacaba por llevar siempre un delantal perfectamente limpio y planchado. Luego llegó Rafael de la Haba "El Cojo" que cogió el relevo de esta mujer y convirtió Casa de "Pepe El Habanero" en su cuartel general. Antes, su hijo Rafael, que empezó a trabajar en la carnicería de Paco Flores, ya empezó a vender participaciones de lotería. Ya más tarde, Paco Figueroa, el que fuera dueño del único Quiosco de periódicos que había en el Jardín, que ante la crisis de los periódicos, tuvo que cerrar el negocio y empezó a vender lotería y hacer rifas para ganarse el sustento. Este solía llevar un monedero en la cintura al estilo de los que vendía los globos en la Feria. Este hombre terminaría sus días poco menos que de portero en la Iglesia de San Andrés.

Luego estaban las personas que rifaban conejos, zorzales, gallos, pavas, huevos, y todo lo que se antojara. Quiero destacar aquí a Rafaelita Reyes, que con independencia del premio que sorteara, llamaba siempre la atención por la forma de su peinado y sus labios más que pintados eran una auténtica "decoración". Rafaelita Reyes, era una mujer muy querida en todo el Mercado. Luego estaba "Domingo" que igualmente rifaba todo lo que pillaba y así estuvo hasta que se jubiló. No podemos olvidarnos de Antonia Jiménez "La Guapa", que aunque solía estar en la puerta de la carnicería de Valle, con sus conejos y zorzales, a veces también se atrevía a rifar. La "Guapa" fue una  mujer de muy buenos sentimientos y que cuidó de sus padres y hermano hasta última hora en su casa de la Calle Alvar Rodríguez, en donde eran la familia antigua de toda la calle.

Y aunque fueron algunos más quiero cerrar este relato con María Ramos, a la que llamaban "La de la Pava" porque una pava que rifaba, y ante la dificultad de hacerle andar para conducirla entre tanta gente, optó por cogerla en brazos, y con la pava en brazos, se acercó a la altura de la puerta falsa del Convento, para ofrecerle a una tal Dolores Cano, de la Calle Muro de la Misericordia, una papeleta del sorteo, tanto se acercó, que la pava, le pegó a la presumida de Dolores, un picotazo en la oreja, llevándose en el pico un pendiente de perla de los llamados "buenos". El  detalle de la pava "tragando" la perla fue visto y no visto, y ante el grito de Dolores, la gente se arremolinó alrededor de la pava y la clienta víctima del picotazo, produciéndose comentarios para todos los gustos, con risas y carcajadas incluidas. Finalmente, sería posiblemente el carnicero más grande que había en San Agustín Antonio Romero, el que dijo: "Nada, a esperar que la pava cague la perla". 

Y siguiendo con los que repartían suerte, diremos que al final de 1958, apareció por San Agustín un antiguo feriante especializado en la fabricación de bastones de caramelo, que ideó una forma de hacer  participar en él juego, apostando por la casilla en donde se metería una especie de "ratita" o animal similar, que previamente soltaba, ganando la apuesta aquella casilla en donde se metía el animal. Este tinglado estuvo montado en medio del Jardín.

Otras veces aparecía por allí un hombre bajo de estatura que llevaba una ruleta barquillera colgada al hombro y cuando veía ambiente de chiquillos, la bajaba al suelo y la ponía al servicio de cualquier menor que quisiera darle a la ruleta al precio de UNA GORDA, moneda, que casi siempre se perdía, bajo la expresión "CON EL CUATRO PERDIO", y es que él, lógicamente tenía ya "un vicio muy grande" en lograr que la ruleta se parase en donde él quería. También por la noche y en la "Taberna la Paloma", se jugaba por aquellos tiempos al Bingo, y el que le daba al Bombo, era Curro "El Sopo". zapatero de profesión.  

RECORDANDO.......
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Quisiera recordar a los muchos establecimientos y comerciantes que hubo en esta Plaza y en la misma zona de la Calle Dormitorio, pero por ello quiero citar en primer lugar a "Paca la Chata" que junto a Carmen Calero, su puesto lo tenían en el suelo "pelado y sobre las piedras" de la esquina de la Calle Montero con el Dormitorio. Allí vendían pimientos, ajos, perejil, lechugas, laurel, limones y todo lo que le podía dejar un pequeño sueldo. Es curioso el detalle que "Paca la Chata", tenía un hermano que era municipal, pero eso no le invalidaba para vender por las tardes "pan de estraperlo".

Se fueron de San Agustín y con ello la vida que se generó alrededor de ellos, los comercios como Casa Rogelio, Almacenes Padilla Hermanos, El Metro S.A., Tejidos Benítez, la Farmacia de don Ventura Dávila, con el siempre eficaz Fernando, Pasamanería Reyes, Almacenes Kalia, Pasamanería Casa Torderas, Flores Modesta, Casa Angelita y la Tienda de Tejidos "Los Hermanos", etc. etc..

Los puestos de pescado de "Los Santiago"; de Manuel Pérez;  de la Nicasia; de Andrés el de los "Espejos"; de Carlos, de Manolín y de Manolo López el que vendía los "Ureles grandes" y los "Besugos", que junto a las sardinas y a las colas del "Bacalao" era el pescado más abundante y barato que se comía en aquellos tiempos.

Las carnicerías de Antonio Romero, Antonio Jiménez, La Dámasa, Antonio Martínez, los hermanos Paco y Antonio Flores, los hermanos Zamora, los Chamorro,  de Juan Ramón, el gran aficionado a la guitarra; de los hermanos Manolo y Antonio Polonio Carrasco; así como el puesto de su madre Valle Carrasco, que tenía siempre en su portal a la singular "Guapa", con la venta de sus conejos y zorzales. Más para la Plaza estaba la carnicería de uno al que se llamaba Manuel Ortega y se apodaba "Pinturas"; y podemos decir que uno de sus hijos llegó a emparentar con una nieta del célebre Piconero José Alonso Cruz, "Ojos Tiranos", que llegó a vivir en la Taberna de la Beatilla.  Y ya en la Calle  Dormitorio la "factoría del Ratón" que fabricaba y vendía toda clase de embutidos. 

En la puerta de los Polonios y a continuación de la Cañaveras, estaban los "charcuteros" como Antonio Carmona, Enrique López y Rafael Polonio, al que llamaban como "Rafaelin el de Valle", que lo mismo te cortaba un jamón que te vendía toda clase de "baratijas y quincalla", e incluso algunas veces hacía apostolado de su religión. Cuando se dedicaba a estos últimos menesteres solía dejar un cuñado suyo en el puesto..

Las tiendas de comestibles de Paco Arenas, la de Rafael Saiz Alijo, en donde su hijo "Luichi" lucía palmito como gastador en los desfiles de Semana Santa. La tienda de Pizarro, gran aficionado a los gallos de pelea. La Tienda de "Pilar", antes de entrar en el Huerto de San Agustín, y que tenía a la mayor parte de la gente de la Calle Aceituno, anotada en su libreta de pagos aplazados. La Tienda Casa Andrés y Manolita en el Pozanco y en el Dormitorio Casa Margallo..

Luego apellidos y familias que formaron época en San Agustín, citemos primero por sus maneras educadas en el hablar a "Manolita la de los Aliños"; a los Cañaveras, padres de Rosa Cañaveras Santa Cruz, la singular  "Gilda"; aquella mujer que rompía moldes por su  elegante tipo y peinado, muy parecido a la protagonista de la citada película. A la saga de los "Chiveros"; que emparentaron con los de "La Morena", que fueron muchos, y unos y otros vendieron de todo lo habido y por haber, desde pescado, pasando por hortalizas, flores y fruta. Eran la familia más amplia de San Agustín.

Y junto a Carmen Rubio, que vendía los huevos, estaba la Barbería de Rafael Rubio, que la había heredado de su padre; y también citaremos a la Peluquería de Maruja, que terminaría casándose con "Pacorro" uno de los "Chiveros" más famosos de San Agustín. Por las tardes reaparecía en San Agustín un lechero, que hablaba muy poco.

Y porque no hablar del "Bar Casa Ramón", propiedad de Ramón Ruiz, al que llamaban "El Pellejero" apodo heredado de su padre, al que le pusieron este sobrenombre por haber trabajado en una fábrica de aceites de Benito Lozano, y trató mucho con este tipo de envases de pellejo para transportar el aceite. Luego estaba la Taberna Estanco "La Paz de San Agustín" íntimamente relacionada con la Paz del Realejo. Y más para la Plaza el "Bar Andaluz", que haciendo esquina era el único que se atrevía a poner veladores en las tardes del Verano. y luego en el Dormitorio, Casa de Pepe "El Habanero", Casa Fermín, La Taberna la Paloma y Casa Marín.

Los puestos de verduras y hortalizas, fueron muy abundantes, sobre todo cuando los hortelanos de la Huertas de Córdoba, inundaron San Agustín de puestos, rodeando completamente el Jardín. Pero no podemos olvidar a los "Carriles" que eran varios hermanos y hermanas. A los Torres, a los Cuevas, a los González, a Paco el de la habichuelillas, a Paca la de "la fruta de última hora", a Lola González, a Joaquín Ortega; Antonio Aragón, Manuel Chaparro, Francisco Carrillo, Rosendo Barrios, Antonio Ruiz, Juan Peinado, Ildefonso Laguna, Ángel Ruiz, Rafael Benítez, Rafael Sánchez, Rafael Barrena, Rafael Alonso, Manuel Guijo, José Sánchez, Rafael Reyes, Antonio Valera, Manuel Prieto, Manuel Linares, Felipe Segura, Antonio Rodríguez, Miguel de la Jara. Y en la parte tranquila de la Plaza tenía hasta su propio médico en don Manuel Garrido. Pero también nos gusta citar a la "Pastora" que vendiendo sus ajos y su perejil, era el primer pequeño puesto que te encontrabas según entrabas desde el Pozanco.

En el rincón de la Plaza y junto al convento, estaba la "TINTORERÍA LARIOS" muy cerca de lo que fue en su tiempo el CINE DE VERANO de San Agustín, y ya al final mencionaremos a la TINTORERIA LINSAY AMERICANA, que se instaló unos pocos años enfrente de Casa Ramón. Y también sería justo recordar al puesto de arropías de Lucía que vivía en la Calle María Auxiliadora en casa de "La Naranjera", y el Quiosco de periódicos de Paco Figueroa, que estaba ubicado en el ángulo inferior izquierdo del Jardín.

LOS ESTANCOS

En San Agustín desde hace mucho tiempo existían dos Estancos, citemos en primer lugar el que regentaba Gertrudis Cano, en 1845, y desde aquella fecha fue a parar a Ángel el de la "Paz de San Agustín". El otro Estanco es el que está situado en la esquina del Dormitorio con la Calle Los Moriscos, y que fue concedido por la Reina Isabel II, a Consuelo, la viuda de uno que murió en la guerra de Cuba.

COSAS DEL BARRIO

Este Barrio creció en torno a la Iglesia de San Agustín, Iglesia que se empezó a construir en 1328. Apenas el Rey Fernando III conquistó Córdoba, consagró su Mezquita en Catedral y mandó construir y erigió otras iglesias en parroquias a las que se le llama por su estilo y época Iglesias Fernandinas. El rey en su proceso de Reconquista se hizo acompañar de algunas órdenes religiosas y fundó conventos para ellas. Ese fue el caso de San Agustín, que nadie se pone de acuerdo para centrar su primer emplazamiento, pero parece ser que existen documentos que hablan de una inicial ubicación en el Campo de la Verdad, en el lugar "CAMPO DE SAN JULIAN", muy cercano a la zona de los Peñones de San Julián.

Efectivamente Alfonso XI fue el que les donó los terrenos en donde se empezó a construir  dicho convento con su Iglesia en 1328, y que se fue ampliando y modificando con el paso del tiempo.

Los expertos hablan de un estilo gótico inicial y sería en el año 1623, cuando se le dio la  configuración final que llegaría hasta el siglo XX. La portada de la Iglesia es trabajo del siglo XV, y la torre es de un siglo posterior. En el interior de sus naves tiene una exquisita ornamentación a base de pinturas murales y yeserías, muchas de ellas atribuidas a Cristóbal Vela. Hay que comentar la anécdota de este artista que murió de forma fortuita al intentar sacar un simple cubo de agua y no advertir que la soga del pozo, tenía un cubo en cada extremo, y al perseguir al cubo que más pesaba, se golpeó con el otro en la barba, produciéndole la muerte. Esa costumbre de un cubo en cada extremo de la soga, estuvo en las casas de Córdoba hasta principios del siglo XX.

La Iglesia fue maltratada en época de la invasión de los franceses, por lo que tuvo que ser restaurada en varias ocasiones.

Fueron los Agustinos lo que se hicieron cargo de esta Iglesia y su convento, y en el tiempo que estuvieron destacaron por su gran formación ilustrada, llegando a tener una espléndida Capilla de Música, instalaron una imprenta de la primeras y más modernas de Córdoba, y supieron  hablar de Filosofía con mayúsculas, a veces sus discursos y lecciones les costaron también sus disgustos a manos de algunos políticos.

Destacaron Fray Martín de Córdoba, Fray Alonso de Córdoba, Fray Pedro de Góngora y Angulo, Fray Juan de San Agustín, Fray Cristóbal Burgos, Fray Alonso de Aguilar, Fray Pedro Domínguez, Fray Marcos Cabello, Fray Rafael Leal; pero no cabe duda que uno de los miembros más brillantes de aquella comunidad fue el cordobés Fray José de Jesús Muñoz Capilla (1771-1840). A propuesta de don Francisco de Borja Pavón, cuando éste hombre murió se le concedió un enterramiento en el Cementerio de la Salud. Una vez exclaustrado (1835) vivió con una hermana suya en las esquina de la Calle Pozo Dos Bocas, frente a donde luego se levantaron (1898) las Escuelas Hermanos López Diéguez, a este Calle también se le llamó "De la Pelota" por haber un grupo de chicos que practicaban con frecuencia éste juego. Finalmente y en el año 1862, le pusieron la "Calle de Muñoz Capilla" en honor a éste célebre fraile agustino.

LA  CALLE DE LA PELOTA
Más de una vez hemos acudido a esta Calle Muñoz Capilla, para presenciar el paso de la Virgen de las Angustias, y hemos podido apreciar la cantidad de "visitantes" que desde los ventanales del Patio de las Rejas del Palacio de Viana, disfrutan viendo pasar el Paso de la Virgen, en donde el olor a cera y a la CINERARIA HIBRIDA, que desde antiguo la marquesa doña Sofía, mandó plantar, en armonía con los naranjos "trepadera", los lirios y otras flores de perfume y encanto, como homenaje a la Reina de San Agustín.

El Patio de la Rejas de Viana, es uno de los trece Patios con los que el II Marqués de Viana, José de Saavedra y Salamanca, acondicionó el Palacio, para museo de arte, historia y patios en 1918. En 1955, el III Marqués de Viana, Fausto Saavedra y Collado, trasladó aquí todo el contenido de su Palacio madrileño: Pinturas, platas, vajillas y cordobanes. 

Siguiendo con la Calle Muñoz Capilla, tenemos que decir que recordamos que aquí vivió don Cayetano López Galvarro, profesor de las Escuelas de San Andrés y que simultaneo su docencia con el oficio de platero. También vivió Enrique Repullo, José Puerto, Antonio Espino y la saga de los Durán Márquez.

DORA LA CORDOBESITA

Pero no cabe duda de que la vecina más sobresaliente para el público de esta Calle, no fue otra que "Dora la Cordobesita", Dolores Castro Ruiz, hija natural de José Castro Aguilar y Carmen Ruiz Romero, que no llegaron a casarse.

Esta singular mujer, si acaso y dada la juventud de su madre, pudo nacer en San Agustín, en la Casa que hacía esquina con el tramo de la Iglesia, y que incluso había un Bar, que era  atendido por un tío suyo de nombre Ángel Ruiz. Pero casi de inmediato se mudó con su madre al Realejo, en la casa que hace esquina con la Calle Almonas. Por otra parte sus abuelos maternos antes de afincarse en San Agustín, vivieron en la Calle La Plata, y posteriormente en la Plaza de San Lorenzo.

Ese Bar que hemos citado con el tiempo se llamó Bar Andaluz y en los años 1948-1954, estuvo regentado por Manolo Jiménez, más conocido como "Manolo de las Quinielas" porque al tocarle las quinielas (490.000 peseta) se quedó con el traspaso de la "Taberna de Armenta" en San Lorenzo. El citado Bar Andaluz, después de varios taberneros, en los años 1970, terminó en manos de las hermanas de los Carriles. 

Dora la Cordobesita, del Realejo y muy joven se mudó a la Calle Muñoz Capilla, en donde vivió con Antonio Cabrera Díaz, su mentor, "su padre" y su descubridor, como diría ella al casarse. Posteriormente y con 19 años, ya se mudó a la Plaza de San Hipólito nº 10, en donde también vivió con Antonio Cabrera Díaz, que fue el empresario que la catapultó al éxito, sobre todo a raíz de su presentación en el Salón Ramírez cuando solo tenía 14 años.

Aquella presentación significó un buen reclamo publicitario y de inmediato la contrataron para Cádiz, Granada, Jerez, Bilbao y Barcelona. Su espectáculo se denominaba "LO MEJOR DE CÓRDOBA". Vuelve actuar en Córdoba, en el llamado Teatro Circo, que con el tiempo sería el Teatro Duque de Rivas. Su debut en Madrid se realizó en 1919, con apenas 17 años, y el teatro Romea, por poco si todavía le están aplaudiendo. Su estilo y su coreografía imitando al mundo del toreo, le hizo "cortar orejas y rabo" llegando a cobrar uno de los sueldos más altos pagados a ninguna cupletista. Los espectadores la jaleaban al grito de "olé". Sus coplas se oían por muchos patios de Córdoba, dada su enorme popularidad. Pero aparte de artista, era una mujer muy bella y deslumbró a Julio Romero de Torres, que la escogió como modelo. En plena carrera de éxitos se cruzó en su camino el torero Manuel Jiménez "Chicuelo", con el que se casaría en el año 1927, en la Iglesia de los Dolores de Córdoba; siendo el sacerdote de la ceremonia don Paulino Seco de Herrera. Por cierto que estando de viaje de novios al volver a su casa de Plaza de San Hipólito nº 10, le habían robado todo lo que encontraron de valor.    

Los padrinos de la boda fueron la madre del torero Dolores Moreno Pérez y el empresario cordobés Antonio Cabrera Díaz, que al decir de ella, había sido como un padre para ella. Una vez casada se retiró del mundo del espectáculo y se dedicó a criar a sus seis hijos, en su Casa Chalet de la Alameda de Hércules de Sevilla. "Dora la Cordobesita" murió el 25 de abril de 1965, a los 63 años.

Cuando ya era una artista cotizada su chofer no fue otro que Ramón Ruiz Moreno "Ramón Pellejero", que además de gran aficionado a los gallos de pelea, llegó a tener una importante Taberna en la otra esquina de San Agustín, donde colaboraría de camarero Manuel Serrano Ramírez. En los años 1970, esta Taberna desapareció y en su lugar pusieron una Caja Provincial, que más tarde sería CAJASUR, pero ahora sólo ha quedado él "cajero" y poco más.

En esta Taberna de "Casa Ramón·, en aquellos años de 1945-1960, solían concentrarse a la caída de la tarde todos los jornaleros que deseaban ser contratados para las faenas del campo. La indumentaria de estos trabajadores, en su mayoría, era la clásica blusa tipo guayabera y que algunas se distinguían por llevar el luto en la manga izquierda. Se podía decir que entre el murmullo de "pan teleras y bollos" de las estraperlistas que pululaban por San Agustín y el Dormitorio, estos hombres esperaban ser contratados.

LOS DOMINICOS

Con motivo de la invasión napoleónica los franceses ocupan la Iglesia y la convierten en cuadra y granero, sufriendo la Iglesia unos grandes desperfectos. Un testimonio de este hecho, se puede apreciar en una cartela con texto en latín que dice: "A principios de siglo XX (1903), se hace cargo del Convento e Iglesia la Orden de los Dominicos que, con ayudas oficiales y de varios mecenas, consiguió restaurar  y mantener durante un cuarto de siglo más la Iglesia".

Después de la exclaustración empiezan a volver las órdenes religiosas a Córdoba, y unos de los primeros que volvieron fueron los Frailes del Corazón de María, que antes de volver a su antiguo convento del Jardín del Alpargate, pidieron al Obispo ocupar el Convento de San Pablo, que estaba libre. Posteriormente llegaron los dominicos que de haber estado en San Pablo y por llegar tarde, (1903), tuvieron que adaptarse al Convento de San Agustín, en el que los agustinos lo dejaron vacío sin volver a Córdoba. En realidad todas las órdenes buscaban evitar las afueras de la ciudad, entre otras cosas por la inseguridad que representaba el estar fuera de cualquier ciudad y por llegar a tener una clientela propicia a la limosna de lo que estas órdenes solían vivir.  

Desde la exclaustración hasta (1835) la llegada de los dominicos, la Iglesia de San Agustín, al depender del Obispo de Córdoba, unas veces estuvo cerrada y otras abierta según que fiestas y solemnidades.

Esta Iglesia en el Siglo XX, sufrió distintas rehabilitaciones. Hay que tener en cuenta que durante la guerra civil (1936-1939), el templo amaneció un día en llamas, saliendo perjudicado de forma importante el retablo Mayor que era de mármol. En los años 1970, se lleva a cabo una restauración en donde se logran recuperar partes afectadas por aquél incidente del fuego. Luego y con el tiempo se fueron añadiendo problemas lógicos de cubiertas, y paredes que dejaron otra vez el conjunto del edificio "parado" de cara a cualquier restauración. En el periodo de 1976-80, un día en plena celebración de la Misa, se desprendió una figura que formaba parte de la decoración de una de las bóvedas, por lo que se aconsejó el cierre de la Iglesia por el más estado de seguridad que ofrecía.

En 1988, la Junta de Andalucía restaura gran parte de la yesería y murales, pero se acaban los dineros y queda suspendida la restauración. Sería en el 2007, cuando a través del Programa Andalucía Barroca, se destinan 3.303.382 euros para su restauración definitiva en el aspecto cultural y monumental y su dedicación al culto. En el año 2009, abrió sus puertas la Iglesia de San Agustín restaurada.

Los dominicos llegaron a San Agustín y hubo tiempos que tuvieron a su cargo la Iglesia del Juramento de San Rafael, hasta que se le asignó un capellán. Por otra parte la actividad de los frailes dominicos durante aquellos años 1950-1970, se puede recordar fácilmente porque queda aún en el recuerdo de muchos. Aquellas misiones parroquiales de 1954, trajo a Córdoba una pléyade de buenos predicadores que desde el punto de vista de los creyentes hicieron una labor muy importante. Hasta hace poco ha estado en la Parroquia de Santa Marina, el cartel que anunciaron esa Santa Misión en 1954.

Entre los dominicos aquellos que dejaron su recuerdo puedo citar al padre Gamero, al padre Yáñez, al padre San Blas, al padre Madrid, al padre Constantino, y como no al padre Carlos Romero Bermúdez, que fue el que estuvo más en contacto con Córdoba. No cabe duda de que aquellos tiempos fueron distintos por muchas cosas, en la Iglesia de San Agustín se celebraban con alguna regularidad las fiestas del Corpus Chico, en los que la Plaza de San Agustín se ponía a tope; y en medio de todas aquellas celebraciones estaba el padre Carlos, que poco a poco, se fue introduciendo en el mundo de los trabajadores potenciando las Hermandades de Trabajo, un trabajo que le encomendó Fray Albino, y que él lo realizó a las mil maravillas.

DON MARTIN EL CURA DE MUNDACA

Recordamos que en 1950, se celebró una procesión del Corpus (11/06/1950), y que con toda solemnidad recorrió las calles de la zona. Se instalaron altares en la Piedra Escrita, en Santa Marina, En la Plaza de Viana, en donde se instaló un precio altar con San Rafael, y en la misma Plaza de San Agustín en donde se montó un altar con la Virgen de las Angustias. Los balcones de la Plaza de San Agustín y lugar por donde pasó la procesión estaban exornados con preciosas colgaduras. La presidencia de la procesión estuvo formada por don José Mª Yáñez, superior de los dominicos, y flanqueado a la derecha por el popular don  MARTIN ARRIBAZUBIETA LARINAGA (1909-1988), coadjutor de San Andrés, y a la izquierda por don Rodrigo Madrid Mesa, párroco de Santa Marina, y en una segunda fila iban los empresarios, don Baldomero Moreno, por la hermandad de San Álvaro, don Diego Ruiz, por la hermandad de la Sentencia, don Amador Naz, por la hermandad de las Angustias, don Manuel Vílchez, por la hermandad de la Virgen de la Cabeza y don Antonio Ramírez, por la hermandad de la Virgen de Linares.

Los batidores a caballo de la policía municipal abrían el cortejo, seguidos de la banda de  tambores y cornetas del Colegio de la Merced que tocaron brillantemente. El cortejo lo cerraba la Banda Municipal. La plaza de San Agustín registraba un lleno a rebosar y los balcones e incluso la fuente central del Jardín, construida en ladrillo rojo en 1845 por Ángel Bonilla, se convirtieron en palcos excepcionales. Esta Fuente costó el importe de 30.000 reales.

Tenemos que decir que don MARTIN DE ARRIBAZUBIETA, con todas sus polémicas, una vez jubilado, quiso volver a su Mundaca natal en 1983, pero algo le debió ocurrir, tal vez que no recibió el "reconocimiento que esperaba" que optó por volver a Córdoba, y quedarse aquí definitivamente hasta que murió en 1988. No cabe duda de que fue un personaje muy controvertido. Unos lo acusan claramente de colaboración con los nazis, sobre todo en la defensa de bunker en Berlin;  otros opinan lo contrario, y lo significan como un hombre que siempre luchó en contra del régimen de Franco, otros como el mismo Castilla del Pino, que en su libro autobiográfico "LA CASA DEL OLIVO" deja entrever que fue un confidente del régimen franquista. 
Este don Martín al final parece ser que se secularizó para casarse con la mujer que lo había cuidado durante bastantes años, a fin posiblemente de que ella cobrara la paga que a él le correspondía. En el momento de su muerte en 1988, vivía en la Calle Isabel Losa, frente al Bar Casa Barrilero.

HERMANDADES DE TRABAJO

Durante años las Hermandades de Trabajo, fue una organización que trabajó y se interesó por los trabajadores; no podemos olvidar aquellas campañas de juguetes por Navidad, a las que acudían miles de trabajadores a comprar los juguetes de sus hijos. Aquella colosal Caseta de Hermandades que se montaba para el disfrute e incluso la economía de los trabajadores; aquél proyecto de piscinas y recreo que se llamó "El Fontanar" como una iniciativa pionera en España, para que los trabajadores tuvieran piscinas y lugares de relax después del trabajo.  Fueron muchas cosas lo que propició Hermandades de Trabajo, y en el epicentro de aquél movimiento siempre estuvo el Padre Carlos.

Una variante de aquellas Hermandades de Trabajo, fueron las que crearían en Córdoba la primera célula organizativa de Comisiones Obreras, en la que José Balmón Castell, Isidoro Castro y un tal Eladio del sindicato de la banca, se reunieron para crearla y fue en el Hogar parroquial de la Iglesia de Santiago, en donde se formó aquél movimiento, Eran los tiempos en que a cargo de aquel  Hogar estaba una persona muy agradable al que apodaban "El Pájaro".  

También en los años 1963, la Editorial ZYX, con una composición ideológica próxima a la HOAC y de la JOC, y a algunos "curas obreros" publicaron de forma clandestina la famosa "Parábola del Depósito de Agua", en otras versiones denominada "El Mercado" y que se distribuyó por las grandes empresas y fueron muchos los miembros ligados a los movimientos sindicales que fueron receptivos con aquella publicación y de esta forma Hermandades de Trabajo se vio rebasada en el ámbito político Este movimiento pasó de ser el primero en hablar de la dignidad de los trabajadores dentro de la empresa, pero al no tener una componente política, fue ignorado por los trabajadores. Con la llegada de la democracia cayó prácticamente en el olvido.

Siempre recordaremos a Pepe Bravo, Paco López y Antonio Fuentes, que fueron grandes entusiastas del movimiento de Hermandades de Trabajo, y eran los que gestionaban la campaña de "juguetes para todos"; la "Caseta de Feria" y "Veraneo para los trabajadores", servicios que ofrecían las Hermandades de Trabajo.

LA EXCLAUSTRACION Y DESAMORTIZACION

Como consecuencia de las revueltas liberales y de los motines anticlericales de la primavera de 1835, la reina se vio obligada a destituir al presidente del consejo de ministros José María Queipo de Llano (1786-1843), pues  aunque era de pertenencia masónica, fue considerado como excesivamente moderado para llevar a cabo las medidas económicas y en contra de las órdenes religiosas. Fue el gobernante que nombró a Juan Álvarez de Mendizábal como ministro de Hacienda, y que llevaría a cabo su famosa "desamortización"  y la exclaustración de todas las órdenes religiosas. No cabe duda que las doctrinas de Lutero, la Ilustración francesa y la necesidades económicas del Estado, hizo que el criterio liberal que imperaba en aquel gobierno, actuaran sobre dos frentes íntimamente relacionados. 1º.-En el plano económico, y dado que las arcas del Estado estaban vacías y no había dineros para nada, se centrara el decreto en las propiedades que acumulaban las órdenes religiosas, producto de donaciones y mandas en muchos testamentos de personas, que con el deseo de hacer méritos de cara al cielo, expresaban éstas dádivas en sus últimas voluntades. 2ª. En aquellos tiempos no estaban fijadas las posiciones de Izquierda y Derecha, como pueda aparecer ahora, si no existía el sentido Absolutista, que reconocía que el poder del rey estaba por encima de cualquier Ley y el criterio Liberal, que matizaba este poder y adjudicaba a las Cortes el poder final de las Leyes.

Para intentar solucionar el primer problema de la falta de medios económicos, viene la desamortización, en la que se llegó a decir: "Los bienes de la Iglesia y otras instituciones, son bienes muertos, por ello se impone su venta y realización, para que el dinero fluya".

Y para evitar que cada "fraile fuera un carlista", se decide la exclaustración. (1835). Esta última se enfocó de distintas formas y etapas, hasta que finalmente se convirtió en una Ley sancionada por las Cortes como medida de definitiva. Sólo se hizo una excepción con tres o cuatro conventos de misioneros, hospitalarios y escolapios. Finalmente en 1837, se cumple también la exclaustración con las monjas, excepto las dedicadas a labores de manifiesta caridad.

Julio Caro Baroja, relata la vida que pudieron seguir estos frailes mayores, que no pudieron integrarse a la vida cotidiana normal, indicándonos que vivió "soportando su miseria" escuálido, enlevitado, dando clases de latín en los colegios o realizando otras trabajos por lo general mal pagados. En cambio muchos jóvenes se incorporaron a distintos trabajos o incluso se enrolaron a las filas de "carlistas" o "milicianos nacionales".

Hubo capitales como Madrid en donde fueron derribados 17 conventos, lo que en muchos casos, cambio la faz de muchas ciudades.

LA SUBASTA DE SAN AGUSTIN

El viernes 8 de septiembre de 1848 en un SUPLEMENTO del Boletín oficial de la Provincia de Córdoba, y bajo un subtitulo de: Intendencia de Córdoba, aparece los siguiente:

Practicada la tasación de las fincas que a continuación se expresan con arreglo á las instrucciones vigentes, se anuncia el remate de las mismas por los Juzgados de esta Capital, y los de la Corte las  de mayor cuantía que han de tener lugar el día y hora que se cita.

Subasta para el 10 de octubre de 1848 de doce a una del día.

Juzgado de la Izquierda y escribanía de D. Rafael Cañete.

"Un huerto .llamado de la Inquisición, adjudicado por debito a la Hacienda pública, cercado dentro de los muros de esta Ciudad al extremo de ella, inmediato á la huerta y edificio del mismo nombre de Inquisición, compuesto de seis celemines de tierra de labor y regadío con diferente árboles frutales, y seis pagas de agua que le corresponden; arrendado hasta el 30 de junio del año próximo venidero a Francisco Montilla, en mil doscientos reales anuales, que hacen el capital de treinta y seis mil reales, y tasado en 61.975 reales. 10 maravedíes. en cuya cantidad se saca a la subasta.

El edificio que fue Convento de Religiosos Agustinos de esta Ciudad, exclusión de la Iglesia, Sacristía y una celda que está dentro de ella; compuesta el área del edificio de 4222 varas cuadradas de superficiales, hundidos en muchas partes sus claustros, y otros faltos de obra, encontrándose dentro de ellos varias columnas en pie, puertas, rejas, ventanas y demás efectos detallados en el certificado: tiene de propiedad cinco pajas de agua, procedentes del venero situado bajo la muralla de la Puerta del Rincón y que viene a una alcubilla situada en el Compás de San Agustín en donde se distribuye para Convento y otros usuarios. ......"

Este documento nos indica que se vendieron una serie de terrenos y huerto de los que estaba rodeada la Iglesia de San Agustín. Esto se puede decir que fue el comienzo de la urbanización de buena parte de los alrededores de la Iglesia y actual Plaza de San Agustín.

Tenemos datos de que en 26 de noviembre de 1853, se aprueba el presupuesto de la construcción de una Fuente presentado por el fontanero don Ángel Bonilla y por un importe de 3.000 reales. La fuente fue construida en ladrillo rojo y con un pilar con dos chorros de agua, y la verdad es que fue muy poco afortunada artísticamente; presidió el centro de la Plaza de San Agustín, hasta que en el 19 de mayo de 1966, el Ayuntamiento remodeló la Plaza, colocando en el centro un estanque con un busto de Ramón Medina, fallecido en 1964. Al acto de inauguración de la Plaza y a la colocación del busto a Ramón Medina, acudió la Rondalla de San Lorenzo, que amenizó el acto con un repertorio de canciones de amor a Córdoba del maestro Ramón Medina. En su intervención el alcalde Guzmán Reina, recordó que esta Rondalla acababa de ganar el Primer Premio Nacional de Villancicos, además de tuvo el honor de representar a Córdoba en la felicitación mundial de Eurovisión al mundo por las navidades de 1962.

Pero en Córdoba somos así y al poco tiempo, remodelaron otra vez la Plaza y cambiaron de sitio a Ramón Medina, y ya por último, otra remodelación en el 2016, en que llegaron a poner a Ramón Medina en lo alto de la cabina de contadores.

EL MERCADO DE SAN AGUSTÍN 1845

La antigüedad del Mercado de San Agustín se remonta a fecha anterior a 1845, en que ya se citan puestos de verduras, pescado y frutas en lo que se llamaba Compás de San Agustín. Este Mercado es nombrado en la Reglamentación que se cita para los Mercados de la Corredera, Plaza de las Cañas y Campo Santo de los Mártires, y se hace mención de que se suprimen el de San Salvador y la Judería.

Las normas que por aquellos tiempos regían estos mercados, constaban de 23 artículos, algunos hasta pintorescos, como el de que "Las bestias que transportan los artículos, no hagan sus necesidades al pie de ningún puesto", o la prohibición de que "Los vecinos de la zona del mercado, tiendan sábanas o ropas a la calle", y que todos los puestos a la hora de Oraciones, debían disponer de una luz que alumbrara el puesto y las pesadas..

En cuanto a las personas que ponían sus puestos, tenemos que decir que en el Compas de San Agustín y por las denuncias que cursaban los municipales, tenemos que: "El brigada de servicio denuncia la queja de un tal Rafael Luque, quejándose de que un melonero un tal Osorio, le ha vendido un melón "avinagrado", o la denuncia a un tal Obregón, que al parecer tenía los platillos del peso trucados. También se conocen a una estanquera llamada Gertrudis Cano, un recovero llamado Rodríguez Valle, un tal José Fernández, despacho de pan, Martín Luna, como armero, Francisco Luque, José Fernández, Rafael Carretero y Juan Muñoz, como Taberneros; Antonio Gutiérrez, como zapatero, José Rodríguez, como sacristán, José Diéguez, como labrador, Manuel Rodríguez, como barbero, Pedro Avilés, Gregorio Feria, Manuel Rodríguez, Juan Muñoz, José Murillo, José López, como vendedores de hortalizas, Francisco Nogueras, como militar, y varios especialistas de profesión, incluso un hacendado y un labrador. Me cabe la curiosidad de que un tal Francisco Estévez, ya tenía un almacén por aquellos años de 1853.

Y en la relación de puestos que hemos podido observar vemos que se trataba de vender  "Ollas de barro", pescado salado y seco, especies y hierbas del campo, pescado fresco como congrios, sábalos, sardinas y anguilas, pescado como atún y corvina, legumbres ligeras, sal y vinagre, frutos verdes y frutos frescos, carnes de vacuno, carnes de cerdo, carnes de corral y de campo, casquerías y despojos, recova, castañas. piñones, leche. En fin un catálogo de puestos que se situaban en torno a la acera de la izquierda del Compás de San Agustín, según se entra desde el Pozanco y llegaba hasta la esquina en donde estuvo la Farmacia de Dávila. Los puestos ponían sus tenderetes en la Calle y excepcionalmente cuando lloviera se les consentía un pequeño toldo. Por aquellos tiempos todavía no se había extendido el Mercado del todo hacía la zona del Dormitorio (Obispo López Criado).

EL MERCADO EN 1945-50

El Mercado de San Agustín en aquellos años de 1945-50, adquiere posiblemente su mayor expresión en puestos, que seguirá creciendo fundamentalmente alrededor del Jardín de San Agustín, en donde se vinieron a vender muchos hortelanos de las huertas próximas a Córdoba.

El Mercado, tenía una continuación en Calles próximas a San Agustín, en donde por ejemplo tenemos que citar: EL POZANCO

Otro lugar muy relacionado con San Agustín es el POZANCO, una Plaza, en constante bullicio, de las personas que realizaban sus compras. En el pequeño espacio de la Plaza del Pozanco, había dos Colegios, uno el de doña Ernestina, y el otro, una escuela particular en donde los hermanos don Francisco y don Manuel, sentaron cátedra de eficacia. En lo que se refiere a Puestos de verduras, está el llamado "Tras la Puerta", que pertenecía a la Huerta del mismo nombre que tenían arrendada los hermanos Porras en la zona que hoy se llama Avenida de Barcelona. Luego como un establecimiento de comestibles, estaba Manolita "La de los aliños" una mujer que conquistaba a la clientela por su forma tan educada y correcta de hablar. Un poco más allá estaba "Casa Andrés", en donde los hermanos Andrés y Pepe Ruiz, regentaban un negocio con dos puertas que también tenía de todo. En la esquina con Juan de Torres, estuvo la carnicería de Antonio Romero.

Pero no cabe duda de que la tienda estrella del POZANCO, es la Ferretería-Bazar, "Casa Rogelio", en donde encontrabas desde un simple clavo hasta una bombilla para la luz de perra-gorda. "Casa Rogelio", cuando llegaban los tiempos de las Navidades y aprovechando la "PAGA EXTRA", le renovaban a medio Barrio las vajillas y toda la cristalería. Además asesoraba a todo el mundo en cualquier problema doméstico que se tropezara en la casa, hay que decir que este hombre estaba emparentado con el dueño de la FERRETERIA EL TIMBRE de la Calle Nueva..

Aquí en el POZANCO, había censados 284 vecinos, y entre ellos se encontraba Luis Hernández Nogales, que fue el maestro de montaje que intervino en la fabricación del primer Transformador de 125.000 KVA, que se montó en CENEMESA, en 1964. Según la prensa de aquella época hubo necesidad de apuntalar los puentes por donde pasaba la góndola que lo transportaba.

Haciendo esquina estaba la tienda de tejidos de Benítez, que con sus dos puertas, era un paso curioso que solíamos hacer de jóvenes. Al frente de la tienda estaba Antonio Tirado, un gran profesional y socio en el negocio. Por aquellos años entraron como dependientes Antonio Rivas, que cambió de negocio y se dedicó a la platería; luego entró de aprendiz un tal Vicente, que llegó a hacer carrera en este negocio, pues triunfó con su negocio "Telas Vicente" de la Avenida de Jesús Rescatado.

LA VECINDAD

En 1857 Córdoba tenía 42.209 habitantes, pero la zona de San Lorenzo y Santa Marina, con San Agustín en medio estaba algo despoblada; y por ello es importante recordar que cuando Álvar Colodro y Benito de Baños, tuvieron que recorrer toda la Muralla Este de Córdoba para su entrada en la ciudad, buscando una zona poblada a la altura de la Puerta de Martos (Santiago), que pertenecía a la Axerquía. Al final del Barrio de San Lorenzo, casi todo eran huertos y zonas de campo.

Con esa penuria de población en las que los fallecimientos se equiparaban a los nacimientos, dan lugar a una población en habitantes, que no crece prácticamente nada. Es curioso leer los partes de defunción que por aquellos tiempos extendía los médicos:

"Apoplejía fulminante", "cólera morbo", "mal nacida", "consumición lenta", "parótidas", "diarrea", "cólera asiático", "pulmonía", "calenturas fuertes", "de la dentición", "dolores reumáticos", "fiebre cerebral", "disentería", "tisis", "toxemia", "tabardillo", "dolor de estómago", "convulsiones", "hemorragia de la matriz", "gangrena", "viruelas", "alpechín", "azogue, "falta de desarrollo", "cólera fulminante", "después del cólera", "concurrente al parto". "causa múltiples", "carbunco", "fiebre de malta" etc. 

Esto es lo que escribían los médicos en aquellos fríos partes de defunción de los años 1800 a 1890, y que se pueden apreciar en las partidas de defunción de las parroquias de San Lorenzo y Santa Marina.

La propia Plaza de San Agustín, incluido el Compás de San Agustín, tienen como vecinos en 1857, un total de 92 vecinos, pocos vecinos si se compara con los que había en 1945, que rondaba la cantidad de 265 habitantes, lo que demostraba que la Plaza de San Agustín y alrededores, empezó a llenarse de vecinos a raíz de la urbanización de esta zona.

Pero al igual que pasaba con la Plaza y el Compás de San Agustín, Calle emblemáticas y que desembocaban en San Agustín, como por ejemplo la Calle Costanillas, que en aquél 1857, tenía un total de 282 vecinos, pero que en 1945, y con la repoblación, y el avance de la urbanización de las mismas Costanillas, (creció hacia "El  Rincón de la Muralla), tenemos un total de 1230 vecinos, lo que demuestra lo que creció en habitantes en esta zona de Córdoba.

Los vecinos solían vivir en aquellas casas de vecinos tradicionales, divididas en habitaciones,  en torno a un patio, que además de empedrado, siempre tenía la unidad de un pozo, alrededor del cual surgían las conversaciones de los vecinos, que luego tenían su continuación en el cuarto de pilas, para terminar sin apenas hablar en la cocina, en donde cada vecina solía guardar siempre "el secreto de lo que comía". más que nada para que nadie estableciera comparaciones, que siempre daban pistas sobre "El disimulado nivel de cada familia". Los arriates plantados, eran frecuentes en aquellos patios, en donde el "Don Pedro" era la planta que solían acompañar al "Jazmín y la Dama de Noche", que casi siempre eran de la casera, que era la encargada de cobrar las pequeñas rentas que pagaban aquellos vecinos.

Algunas casas al tener dos plantas, presentaban unas galerías porticadas, en donde solían lucir unos espléndidos maceteros. En la mayoría de estas casas, las familias crecían, pues era muy común que al casarse una hija o un hijo, los padres le facilitaran una habitación para que los recién casados, metieran su cama y su armario, que era el mobiliario básico que llevaban los que se casaban. La cómoda por lo general era un mueble heredado de padres a hijos..

No cabe duda que el vecindario estuvo estancado prácticamente hasta 1887, o cosa así, en que se observa un ligero aumento de la población, sin apenas aumentar la expansión de la ciudad, primero se trata de "llenar huecos que había en el casco antiguo" o aumentando los vecinos en la mismas casas. Pero con la constante de que lo que aumentaba en una zona lo disminuía en la otra, pues en Córdoba la población estuvo estancada. Sería a partir del año 1887, cuando la población de Córdoba empieza a aumentar, pero este aumento en la zona de San Agustín, es por el trasvase de gente de los alrededores (rodeo de la ciudad), que se van instalando en esas casas de vecinos, que en muchos casos terminarán a habitación por familia.

A pesar de las epidemias de Cólera de 1854, 1856, 1860 y 1885, de Viruela en 1871, y de Gripe 1917 y 1918, se observa a partir de 1900, una escalada del aumento de los vecinos, en parte porque el índice de mortandad ha quedado por debajo del índice de natalidad, y porque la gente del campo y de la provincia empiezan a emigrar a la capital.

De esta forma llegamos a 1945, en que se puede decir que el Mercado de San Agustín, está en un gran apogeo, como consecuencia del aumento de la vecindad en las principales calles que afluyen al entorno de San Agustín.
 
CALLE MONTERO

Así la Calle Montero una de las principales Calles que afluyen y participan del ambiente de San Agustín, tenía en 1857 unos 455 vecinos, y en el año 1945-50, pasa a tener 1100 vecinos, lo que supone un incremento del 241%.

De igual forma la Calle los Moriscos pasa de 390 vecinos en 1857, a 1200 vecinos en 1945, lo que supone un incremento del 307%.

En la Calle Dormitorio de San Agustín que tenía 186 en 1857, y en 1945 llega a tener 360 vecinos en sus casas; lo que supone un incremento del 193%..

Las propias Costanillas en 1857 tenían 282 vecinos, y en 1945, 1222 vecinos; lo que supone un incremento del 433%..

Este incremento por Calles, no se corresponde con el incremento que hubo en Córdoba, pues en la capital en 1857, había 42.909 vecinos, y en 1945, unos 165.405 vecinos, lo que supone un 385%.

Claramente se puede observar que en 1945, la capital fue ganando terreno en las afueras de la ciudad, Huerta la Reina, Margaritas, Campo de la Merced, Ronda de los Tejares, Prolongación Gran Capitán, en donde se fueron implantando nuevas edificaciones y calles. Pero en San Agustín, San Lorenzo y Santa Marina, salvo el prolongar las Costanillas más al límite de la Muralla, y la urbanización de San Agustín, (1854), y algunos huertos interiores que se convirtieron en grandes casas de vecinos, el resto lo que supuso es que los "vecinos se apretaron" en aquellas viviendas y el que tenía varias habitaciones le cedió una al hijo o la hija al formar estos una nueva familia.

Este análisis comparativo lo podíamos seguir haciendo con todas las calle que afluían a la zona de San Agustín, como Calle Aceituno, Pozanco, Jesús Nazareno, Cárcamo, Cristo y Calle Roelas, pero no queremos cansar con más datos, pero si queremos citar dos de ellas, porque las conocimos perfectamente y nos la correteamos en nuestra juventud.. 

LA CALLE ROELAS

La CALLE ROELAS,  esta calle por su comunicación con San Lorenzo, era el paso obligado de  porteadores y vehículos que venían de la Lonjas, con las verduras, las carnes y el pescado. Por las mañanas y a primera hora se producía un transitar continuo de carrillos y todo tipo de vehículos con dirección para San Agustín. Por otra parte, a media mañana empezaban las mujeres a pasar camino de la Plaza. La verdad es que la Calle tenía una gran animación y para más acompañamiento, sonaban los golpes de Antonio Martínez, el constante "latonero", que en su establecimiento de la Esquina de la Calle el Cristo, se afanaba golpe tras golpe, en arreglar y echar los culos de las ollas y las cacerolas rotas de los vecinos.

También merece la pena citar a Matías Requena, que fue posiblemente de las primeras personas que se le ocurrió el montar una bodeguita "CASA MATIAS", con su pequeña bodega y todo. Tenía vino de 16, de 20, de 24 y de solera, además de vino arropado y tinto de Jumilla. Por aquellos tiempos de 1952-54, un litro de mitad y mitad (24+solera), te costaba dos pesetas. En los veranos se formaban auténticas colas para adquirir el vino tinto de Jumilla con la gaseosa de PIJUAN, cuya fábrica estaba a las espaldas de Cercadillas, una calle más allá de Cuartel de Artillería. Ya en los años 1960, fueron mucha la gente de los pueblos que se vino para Córdoba y como negocio montaban una "bodeguita" en la que vendían ya de todo.

En el año 1857, ésta Calle tiene censadas 87 vecinos, si bien es verdad que lo que fue "El Picadero", era como una especie de huerto y estaba sin edificar. En 1945, el número de vecinos se convierte en 352 personas, entre hombres, mujeres y niños. Por esta calle en las tardes noches de los veranos, no pasaba ningún vehículo, y ello era aprovechado por los vecinos para sentarse a las puertas de su casas, para tomar el fresco. En esta simpática costumbre queremos recordar en primer lugar a doña Salvadora, la esposa del "maitre" del Bar DUNIA, luego también se salían las hermanas de Juanito Calero, así como la "Melonera" y  Pilar Bejarano, la mujer del "Niño Dios". No todas las veces lo hacían las hijas de Guillermo el guarnicionero, y de tarde en tarde, también lo hacía Consuelo López María, la única mujer de toda la Calle que posiblemente tenía la carrera de piano. Como era habitual en Córdoba, las mujeres se sentaban dando la cara a la fachada de su casa mirando las lagartijas..

En el resto de casas, también se solían sentar la Encarna, que trabajaba en la Electro Mecánicas y el padre de los Quiles, pero estos solían entrarse pronto pues tenían que madrugar. En general cuando toreaba el Cordobés, todo el mundo quería escuchar las reseñas de las corridas, que después del "PARTE DE LAS 10", y por Radio Nacional de España, solía dar Rafael Campos de España, (1921-2008), que daba emoción y sentido a aquellas crónicas que todo el mundo esperaba de El Cordobés. No cabe duda de que la llegada de los transistores de contrabando que venían de Ceuta y de Gibraltar, hizo disfrutar a la gente de todo esto.

En la Casa denominada "El Picadero", en la que llegó a vivir Manuel Rodríguez "Palitos"; primo hermano de Manolete, y a decir de los que lo conocieron, uno de sus mejores amigos de la infancia. Manuel Rodríguez, "Palitos", era un hombre que estaba entrometido en todo lo que pudiera ser importante, por ello, no sabemos cómo se las arregló para que él fuera la persona que llevó a Antonio Molina, a alquilar el traje que lució en su primera actuación ante el público en el Gran Teatro de Córdoba (1952), y que después de este éxito, se formaran colas para verle actuar. Para celebrar este éxito en unión de otros amigos más, se comieron un guiso de habichuelas en el Patio del Picadero. El traje fue alquilado en una casa de la Calle Morales, por debajo de la vivienda de los "Zuritos". Por cierto, hablando del traje tenemos que decir que le estaba tan mal adaptado  que cuando se levantó el telón y apareció en el escenario, la mayoría del público empezó a comentar cosas de risa y a burlarse del tipo que presentaba el "presunto cantaor", sería cuando armado de rabia pegó "un quejido prolongado con aquella maravillosa voz", y se metió a todos los espectadores en el bolsillo, que se volvieron como locos. Los ecos de aquella actuación lo lanzaron al camino de la fama.

Y en esta Calle citaremos a tres personas que merecieron la pena:

ANTONIO LANTI CRIADO

Pero por encima de todos los vecinos de la Calle Roelas, había un personaje al que a fuerza de no ser hipócritas, casi todos le llamábamos,  "Antonio el tonto", él era,  Antonio Lanti Criado, que había nacido en el 1923, por lo que era naturalmente mayor que nosotros. Estaba psíquicamente retrasado de forma un tanto severa, pero era muy pacifico e infantil. Quiero resaltar aquí que lo de "tonto"  era la forma de mencionarlo por aquellos tiempos, todo el mundo en el barrio le quería. Su madre Teresa y sus hermanas Teresa y Carmen, lo tenían cuidado como un "palmito" de limpio y presentable, y bregaron con él hasta su muerte. Todos los días salía de su casa en la tarde para dar una vuelta por un recorrido que ya se conocía de un día y otro. Agarrado a la pared y con sus pantalones cortos, Antonio, iba andando pasito a pasito. Primero pasaba por el puesto de arropías que estaba enfrente de la Taberna de Ordóñez, y allí a su manera "piropeaba" a la TRINI, la guapa hija de la arropiera. Luego continuaba Calle María Auxiliadora adelante, hasta llegar a la Sociedad de Plateros, en donde empezaba a gritar "Pepita, Pepita....", y no callaba hasta que la hija de la "naranjera", la tal Pepita, no se asomaba a su ventana y le hacía un gesto cariñoso, que le llenaba de felicidad. Luego continuaba por la Calle El Queso, hasta salir a la Calle los Frailes, adonde también le dedicaba sus piropos a la sobrina de "Rafaelita", que era una persona que se portaba muy bien con él. Seguía su recorrido por San Juan de Letrán para terminar como siempre en Casa de María Antonia, la "APARADORA", de la Calle Montero, cuyo portal era un lugar habitual de tertulias. Se sentaba y disfrutaba del cariño de los vecinos, que le daban muestras de quererlo de verdad. Alguna veces, sus hermanas (su madre era ya algo mayor), cuando llovía o había un contratiempo, solían ir allí a por él, porque sabían que estaba como en su casa. 

"LA PALOMA DE CAPUCHINOS"

No referimos a la Paz y Esperanza de Capuchinos, que fue realizada por Juan Martínez Cerrillo a encargo de un grupo de jóvenes, que se reunían en la Ermita de San Juan de Letrán, su propósito era fundar una Hermandad en torno al Cristo de las Penas (Hoy en San Lorenzo), que por aquellos tiempos 1939, se encontraba en la citada ermita. Sería el escultor Juan Martínez Cerrillo, el que les convenció de que hicieran una Virgen para dicha Hermandad. De entre aquellos jóvenes hubo dos ellos que parecían llevar la voz cantante, Juan Calero Cantarero y Mariquita Bojollo Arjona, y sería finalmente Juan Calero, el que pagó el precio de la Virgen, que fueron 1000 pesetas.

La Virgen fue entregada en el mismo año de 1939, y como Juan Calero, pertenecía a la Hermandad del Calvario, la colocaron en los cultos del Quinario de la Semana Santa de 1940, pero aquella Virgen tan blanca, dijeron algunos hermanos que no encajaba en los decorados morados de la hermandad, por lo que se llevaron la Virgen a la Parroquia de San Andrés, en donde sería bendecida y expuesta en su altar.

Pero surgieron problemas con el párroco y la Virgen se la llevó Juan Calero Cantarero, a su casa de la Calle Roelas, nº 5. Allí estuvo la imagen hasta que el Obispo Pérez Muñoz, le buscó el destino de Capuchinos.

La Virgen fue trasladada en una parihuelas, formándose una procesión que circuló por Calle Roelas, Custodio, Pozanco, Rejas de Don Gome, Juan Rufo, y subiendo por la Cuesta del Bailío, llegó a su Iglesia actual.

Se han dicho muchas cosas en torno al nombre de la imagen, pero lo cierto es lo que nos contaría Juan Calero Cantarero, poco antes de morir, en que quiso entregar a la Hermandad de la Paz y Esperanza, el recibo que acreditaba haber pagado la propiedad de la imagen. El nos diría: "Mi madre estaba aterrorizada de la tragedia de la guerra y me pidió que se le pusiera LA PAZ, y fuimos algunos de nosotros más jóvenes, los que le añadimos ESPERANZA", por tanto aquí no hay nada de excombatientes ni nada por el estilo; todavía vive afortunadamente una persona testigo de todos estos acontecimientos, como es Mariquita Bojollo.

MEDALLA AL MERITO DEL TRABAJO

Finalmente queremos citar al vecino de esta Calle a Juan Sánchez Romero, fiel trabajador del Ayuntamiento en donde estuvo casi "desde niño", como diría él. Trabajó de ordenanza en el Matadero Municipal y durante muchos años, él era el encargado de llevar en un pequeño "carro de varales" los utensilios  y la leña, que solían utilizar los matarifes, en el desolladero en la vieja Plaza de Toros de los Tejares. Este hombre a petición del alcalde fue premiado con la Medalla al Mérito del Trabajo, que le fue impuesta por un recién nombrado Rey Juan Carlos I. (1976),

 M. Estévez