domingo, 17 de junio de 2012

EL RELOJ


EL RELOJ EN LA HISTORIA

El reloj ha sido el instrumento que desde antiguo necesitó la humanidad para medir y determinar el curso del tiempo sobre todo diurno. El arco diurno era el recorrido del sol sobre la superficie de la tierra. Dicho arco fue ya dividido por los egipcios en doce partes, a la que al parecer y por motivos religiosos, le aplicaron el nombre de hora, o “deber sacerdotal”. Desde antiguo, los relojes y las horas han tenido una gran relación con las religiones.

Igualmente hacia 2400 años de C. los sumerios, ya utilizaban calendarios de tiempo divididos en 12 partes o meses, e incluso llegaban a la división de días. Es conocido  por instrumentos que se han encontrado que llegaban hasta la división de minutos. Las construcciones llamadas “ZIGURATS” que eran construcciones con peldaños que servían de escala para medir “por conteo” los que aparecían oscurecidos por la sombra de sus propios bordes. Todos los instrumentos de medición de la antigüedad eran de anclaje fijo, y la marcha de la sombra del sol se comparaba en cualquier tipo de escala.

La primera referencia escrita sobre estos elementos de medición “del tiempo” aparece en el siglo VII a de C., y no es otro sino el famoso “CUADRANTE DE ACHAZ”. 
 
Hay griegos y romanos, que describen ya en su época, a determinados instrumentos llamados “RELOJES DE SOL”. El autor griego más antiguo Heródoto (484-426 a C.), reseña ya los conocimientos griegos del tiempo, diciendo que manejaban ya la división del día en doce partes. Esos Conocimientos, los habían heredado de los babilonios.       

Por lo tanto el sistema horario de los griegos era ya “TEMPORARIO”, y es que ellos ya entendían la hora como la doceava parte del “ARCO DIURNO” que determinaba el recorrido del sol, pero en un principio “LA HORA VARIABA” en función de que el “ARCO DIURNO” también variaba.

Los romanos, heredaron estos conocimientos de los griegos y ya Plinio el Viejo, en su Historia Natural, Capitulo XIV, relata la historia del reloj de sol que el emperador Augusto hizo construir en el Campo de Marte, aprovechando un obelisco egipcio, al que llamó Reloj Solar de Augusto.

EL RELOJ DE ARENA

El reloj de arena es un instrumento para medir espacio de tiempos. Se uso se considera muy antiguo, pero una de las primeras referencias históricas en que aparece es en el cuadro de LA TEMPLANZA, en el buen gobierno de 1338. Consta de dos pequeños compartimentos simétricos, comunicados entre si por un estrechamiento. Uno de ellos está lleno de arena y que al ponerlo en vertical, por la acción de la gravedad dicha arena pasa al compartimiento inferior determinando un espacio de tiempo de duración. Dándole la vuelta al reloj, empieza otra vez a “contar”. Este reloj de tiempo se utiliza con mucha frecuencia en la actualidad, en las atracciones de feria, para determinar la duración del recorrido que avala el billete.

EL RELOJ EN LA FÁBRICA.

En Cenemesa, en tiempos del Sr.Miranda, estaban muy en boga las teorías de Taylor y Fayol, sobre la necesidad de medir las tareas de producción  mediante las técnicas del cronometraje.

El aparente “patrón” de aquel desembarco de cronometradores, fue Rafael Morales, “Moralón”, un hombre sabio para aquellos tiempos, pero que sus teorías tenía que haberlas refrendado con la realidad de la vida y el entorno social de la vida laboral, el siempre creyó que la organización idónea del mundo tendía a formas cuadradas.

Para este proyecto inicial contó con acreditados profesionales, como Ricardo Criado, Francisco Montes, José Roldán, Antonio Arjona, Juan Zafra, y otros más, pero la llegada masiva de personal que provenía del taller, hizo que la labor de “cronometrador” se enconara hasta limites inimaginables. Todo el mundo dudaba del otro, y se estableció una especie de dialéctica del engaño por sistema. La impopularidad de los cronometradores llegó a niveles extremos. Solamente el interés de los trabajadores de que sus trabajos fueron “incluidos” en el control que daba derecho a incentivos, hizo factible, aún con dificultades, esta cohabitación.

Lo mismo que el “reloj” llegó a crear problemas laborales y de enfrentamiento, el reloj, también fue utilizado por muchos dirigentes incapaces de dar más de si, para justificar la falta de viabilidad de un producto, todas las culpas se las achacaban a la falta de productividad por los tiempos. El “reloj”, o en su traducción los ciclos de fabricación, fueron erróneamente los “culpables” durante un tiempo de que los productos elaborados no fueran competitivos.

Hay que decir que el “reloj” fue ignorado, cuando en 1963, demostró que aquí los motores “CARSA” y “EDESA”, se montaban en un tiempo perfectamente competitivo que le habían exigido, y ello lo demostraron, Isabelita Hernández, encantadora mujer y mejor bobinadora, y la no menos espectacular “Sofi” que además de una joven de portada de revista, bobinaba como los mismos ángeles.

Ángeles  aparte, los empresarios vascos, se llevaron los motores para Erandio, porque tiraron para su tierra. El reloj, no sirvió de nada.

Pero a pesar de estas enseñanzas, algunos jefes, en especial de Aparellaje, seguían creyendo que la clave estaba en los tiempos. Y es que la mayoría de ingenieros, salvando honrosas excepciones (José Manuel Corral y Manolo Martínez, entre ellos), estaban al frente de Servicios y Departamentos, entregados a labores burocráticas, en donde se limitaban a mantener el puesto “caiga quien caiga” y a lo mejor algunos completaban su trabajo  firmando “partes de horas” y haciendo infinidad de rutinarias “notas de servicio”. Pero lo que se dice, labor de investigación y análisis, nada de nada.

Se empeñaron por todos los medios en poner a trabajar a los talleres, ignorando por otra parte las desviaciones en los costes, que posiblemente venían de otro sitio. Bien por mala gestión en los abastecimientos, bien en que no se controlaban adecuadamente los gastos generales, o bien por el excesivo coste del capitulo de intereses.

Una serie de problemas marcaban aquella fabricación, así a nivel de interruptores  el tener unos modelos obsoletos, y en la mayoría de los casos muy complejos, con los que no había posibilidades de competir en el mercado con otros modelos más modernos y tecnológicamente más simplificados y baratos. Aquí es donde se veía la desgracia, de que las cabezas teóricamente preparadas para  investigar, no investigaban nada o casi nada.

A nivel de cuadros de AT y BT, tenemos que indicar que el 80% del valor añadido eran sofisticados relés y otros aparatos de medición y control que todos provenían de fuera, por lo que nosotros, solamente aportábamos “el cascaron de chapa”, el embarrado  y el cableado. Aquí tampoco teníamos una línea homologada de producto que por costes hubiera sido rentable, Cada vez que un cliente nos pedía un producto, constituía en si un diseño nuevo. Ya que no poseíamos ningún catálogo, de cabinas hechas en serie. En vez del cliente adaptarse a nuestro producto, nosotros teníamos que adaptarnos al cliente, con las probaturas y fallos de diseño que eso suponía. 

Al principio de los años 80, (82-84), al director general Adolfo Plaza, se le ocurrió hacer una simple auditoria interna de lo que era el abastecimiento del almacén de herramientas de la División. de  Aparellaje.

De lo que se pudo observar allí, hubo motivos para despedir a unos pocos responsables. (Sólo fue depuesto el Jefe de Operaciones). Se pudo comprobar que el almacén de herramientas, por dejadez, descuido o por ignorancia, era “abastecido” en muchos casos, según criterio de los propios proveedores. Era frecuente que por ejemplo “pedidos de plaquitas de corte” herramientas sumamente caras, eran duplicados o triplicados por “error del proveedor”, y en vez de ser devueltos esos pedidos, “SE ACEPTABAN” por necesidades de fabricación. Esa “necesidad de fabricación” era determinada por el almacenero, que era el último del escalafón y que a lo mejor se lo comentaba a su jefe “al paso” en cualquier ocasión.

Efectivamente durante aquel año, de 1983, se habían comprado “plaquitas de corte” (para los tornos y fresas) en cantidad tal de que todos los tornos de fábrica y las fresadoras, trabajando las 24 horas del día sin parar, hubiera habido “plaquitas suficientes” para al menos cinco años. Por otra parte la insultante abundancia de dicha herramienta de corte, daba lugar a darlas de baja aún con capacidad de utilización.
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Esto es referido a esta herramienta en concreto, que en cuanto a otras, las diferencias iban por el estilo. Claro está que este desorden y dejadez en los criterios de compras, eran millones de pesetas, que no podían lógicamente compensar  los obreros trabajando a reloj.

El resultado final de aquella auditoria interna demostró que las compras del almacén en vez de suponer unos 60 millones de pesetas, en la práctica se habían comprado unos 140 millones. Esta evidencia nos demostraba que no se funcionaba con presupuestos. Lo único que se presupuestó correctamente en fábrica de siempre era el coste del personal, que lo hacía muy de siempre  Juan Arjona.

Y para ver simplemente que se compraba sin ton ni son, traemos aquí a colación el ejemplo de los simpáticos BOTIJOS. Todos los años, y con la llegada del verano, la fabrica compraba unos doscientos botijos, para dotar a los talleres de agua fresca. De forma tradicional, estos botijos se venían comprando de la “Mujer torera” que tenía su tienda en la Calle Cruz Conde. En el año 1978, o cosa así se prohibió en dicha calle el aparcamiento en doble fila de vehículos, por lo que la DKW, de fábrica, no tuvo posibilidad de aparcar para recoger los citados botijos.

Planteado el problema en fábrica al Sr. Tafur, responsable de Seguridad e Higiene, este se lamentaba junto a unos miembros del Comité de Seguridad e Higiene, en el despacho-almacén, de la simpática Consuelo Simón, que era la encargada del material de seguridad e higiene, monos, botas, gafas, botijos, toallas, etc. etc.

Se estaba enfrascados en la discusión del problema de los botijos, cuando una mujer llamada “Chelo”, que por su vestimenta parecía más un hombre que una mujer dijo: “Miren Vds. yo vengo desde la Rambla, para traer cal para blanquear, pero si quieren Vds. botijos, mañana mismo os traigo una furgoneta llena a esta misma hora”. Si sorprendió a todos el ofrecimiento de esta mujer, más sorprendió el precio por unidad de botijo que se acordó, que no llegaba ni a la tercera parte de lo que se le pagaba a la “Mujer torera” y encima no había que ir a por ellos. Con el ejemplo del botijo, queremos decir que allí se “compraba” pero muchas veces no se luchaba por el precio de la compra.

 EL RELOJ DE HERRAMENTAL

Como no recordar aquel reloj de pared de la relojería suiza que presidía la nave de herramental. A ese reloj acudían todas las miradas de aquellos singulares profesionales que trabajaban en esta nave.

Debajo exactamente del reloj, estaba el veterano Francisco Montilla, con su archivo itinerante de planos, y que los repartía con agrado y simpatía Uno de los profesionales que casi oía el tic tac del reloj, era  Luís Gutiérrez, posiblemente uno de los mejores matriceros que existieron en aquella época. También estaban el constante Domingo Babiano, Antonio de la Torre, “el Moro”, Suárez, Izquierdo, Manuel Morales, Guillermo Roldán, Antonio Afán, Rafael Fernández, Manuel León, José Guisado, etc. etc. y hasta el simpático “Tarzán” que cuidaba del mantenimiento de aquel moderno taller..

Curiosamente, todos estos grandes profesionales eran unos especialistas en manejar “el comparador de reloj” para medir “la vida de la matrices”.

En aquel taller todo estaba sincronizado y el único que se salía de aquella severidad profesional era Rafael Mora “El Sastre”, que tenía más de gitano simpático que de oficio. Y decimos, de que daba la impresión de estar  sincronizado, pues llegaba la aguja a las 3 en punto, (hora de salida), y todas las cerraduras de los cajones de herramientas “sonaban sus candados a la vez”. Todos los componentes del taller, aunque cansados por ser final de jornada, sacaban fuerzas de flaqueza, para apresurarse al vestuario para entre bromas y comentarios, cambiarse por la vestimenta de la calle y dirigirse a la parada del autobús, donde muchas veces les esperaba la Encarna, la simpática jubilada de la "Letro", que vendía tabaco. A la hora programada salía los autobuses.

El reloj de pared que hemos relatado, estaba perfectamente sincronizado con la sirena de fábrica, pues para ello Rafael Santacruz, el singular “Rafalete el relojero”, además de ser un excelente profesional del bobinaje y el cableado, cuidaba del mantenimiento y puesta a punto de los 22 relojes de fábrica.

EL RELOJ DE LOS EMPLEADOS

El personal de Oficinas (empleados), registraban sus fichas de control (entradas y salidas), en unos relojes de sobremesa marca “Relco-T”, en los que mediante una regleta graduable marcaba los días de la semana y las horas de la entrada y la salida. Todos los esfuerzos del fabricante y del servicio de guardería de fábrica por el exacto funcionamiento de estos relojes, se venía abajo cuando un grupo de técnicos a los que se le denominó “LOS SEVILLANOS”, (vinieron a fábrica procedentes de Sevilla, incluso con sueldos especiales), entre los que podemos citar a Acevedo, Rodríguez, Roelas, Rubia, Martínez, Ortíz, etc. etc., se las averiguaron de forma hábil e inteligente, para con el uso de unas  PLANTILLAS, pudieran falsificar la hora de entrada que obtenían del reloj. Para estos señores, el “reloj” era su aliado.


EL RELOJ EN LA UNIVERSIDAD

En la Universidad Laboral, en aquellos tiempos de finales de 1950, y cuando nuestros padres el que tenía era un reloj enorme de la marca DOGMA, CAUNY o PRYMA, de aquellos que se vendían como rosquillas. A muchos de nosotros y cuando ninguno teníamos reloj por sistema, nos llamaba la atención cuando llegaba la hora de terminar la clase, en vez de sonar el horrendo timbre que se oía en muchas escuelas americanas, llegaba un señor elegantemente uniformado y abriendo la puerta del Aula decía: "Sr. Profesor es la hora", el Sr. Madrid, como se llamaba el bedel, le daba un toque de respeto a aquella apertura de puerta.


 
LA DUQUESA DE ALBA EN LA CALLE ALMONAS

Emilio García Gómez, era el relojero de la Calle Almonas, y él como otras personas en Córdoba, acostumbraban a comprar “lotes vencidos”, de artículos que se subastaban en la Casa del Empeño, (Monte de Piedad), porque los dueños de las papelillas no habían acudido a renovarlas a su tiempo.

En una ocasión, y de forma sorprendente se presentó en la casa del citado relojero, el “Duque de la Mezquita”, (Juan Rodríguez Mora), conocido y popular anticuario de la Calle Encarnación, acompañado de la Duquesa de Alba y otras personas, que al parecer andaba recorriendo las casas de “los compra lotes”, porque querían localizar un reloj de bolsillo, que era una autentica joya de relojería. Se trataba de un “Victoriano de oro de cuerda llave” de J. R. LOSADA.

La duquesa de Alba, al no encontrar lo que buscaba, se encaprichó de una MÁQUINA SINGER MODELO DE 1812, que tenía la señora de Emilio. Lógicamente no se la vendió, pero llegó a ofertar muy fuerte por ella.

El famoso relojero J. R. LOSADA, cuya relojería estaba ubicada en Londres, en Regent Street, ha sido uno de los relojeros más famosos del mundo. De origen español, se marchó a vivir a Londres por casamiento de su madre en segundas nupcias con un relojero ingles. Allí, de aprendiz, aprendió todos los secretos del oficio y llegado un momento, fue su gran talento e ingenio lo que lo convirtieron en uno de los relojeros más famosos del mundo. Posiblemente sólo BREGUET A.L., le pudo superar en ingenio y categoría.

RELOJES CATALINOS

Los famosos relojes “Catalinos” se hacían pieza a pieza por los artistas relojeros. El cliente los encargaba y ellos le daban un plazo de 2 o 3 meses para su ejecución. Se le llamaban “Catalinos” porque el cilindro principal o engrane central lo formaba una rueda dentada “similar” a la que utilizaron para el tormento de Santa Catalina.

A mediados del siglo XIX, ya se empezaron a hacer en serie las cajas de los relojes por los llamados “cajistas”, fundamentalmente en Inglaterra y Estados Unidos. También poco a poco se fueron haciendo otros elementos comunes en los relojes. En esta profesión llegó a decirse que el relojero que de una “argolla metálica de una simple cortina”  no era capaz de hacer un bisel, ni era relojero ni era nada.

RELOJES CHINOS

Un  audaz joyero cordobés comercializó un famoso reloj que utilizaba a un famoso torero para su mejor escaparate. En cierta ocasión, alguien cercano al citado joyero le comentó al relojero de San Lorenzo: “Vente a China, que allí te fabrican un reloj por trescientas pesetas y luego lo puedes vender por DIEZ MIL PESETAS.”, lógicamente, el relojero retirado ya,  y dedicado a la pintura hizo oídos sordos a esta proposición.

RELOJES DE LUJO

Todo el mundo habla de los Rolex como el reloj de más categoría, pues bien según los entendidos, hay relojes por encargo, que dejan a estos relojes en el escalón más bajo de la alta gama. Se conoce un reloj, propiedad de un jeque del Golfo Pérsico, valorado en CUARENTA MILLONES DE DOLARES, lógicamente es un PATEK-PHILLIPPE, de oro y hecho a mano.

Contracta el precio de los relojes de esta casa, los más caros del mundo, con los de la empresa coreana, MIYOTA, que fabrica maquinas de circuito impreso por un tubo, en cantidades de 200 unidades por minuto.

CURIOSIDADES EN TORNO AL RELOJ

Los primeros relojes mecánicos surgieron en los conventos y monasterios de Italia, allá por el Siglo XV. Eran relojes para marcar el horario de los rezos, vísperas, maitines, etc. etc. Eran relojes de una sola aguja y que ya en 1750, BREGUET, los fabricó en la modalidad llamada “relojes de suscripción”.

El antiguo reloj de la Plaza de las Tendillas, edificio de David Rico, fue instalado por la Joyería-Relojería de ENRIQUE TIENDA, y que fue inaugurado en la Noche Vieja de 1929, este simpático relojero, repartió para la ocasión miles y miles de paquetes de uvas. Años más tarde se instalaría en la relojería Suiza de la Calle Nueva y que se dedicó fundamentalmente al reloj de pared.

El famoso reloj de la Puerta del Sol de Madrid, fue fabricado en sus orígenes, por J. R. LOSADA, LONDON.

El reloj digital más preciso del mundo, es el de la casa japonesa CASIO, según ha quedado demostrado por todo el mundo.

Cuando se habla históricamente de relojes antiguos, casi siempre se refieren a la modalidad de bolsillo.

EL RELOJ DE LA TORRE DE SAN LORENZO

El barrio de San Lorenzo por aquellos tiempos (principios siglo XX), era pobre de solemnidad, y fue gracias al cura párroco D. Mariano Amaya, como logró traer una poca riqueza cultural con la llegada e inauguración del Colegio Salesiano, aquello significó para el barrio, uno de sus mejores apoyos. Luego el cura que le sucedió, comprendiendo que en el barrio la gente tenía "pocos relojes", pidió permiso al Ayuntamiento (1911), para instalar el actual reloj.

El Ayuntamiento tomó en serio aquella petición y en un pleno del 12 de Agosto de 1911, se aprueba la inclusión del presupuesto para instalar un reloj en la torre. Al año siguiente y en el 12 de Agosto de 1912, se saca a concurso público la colocación de un reloj para la torre por un importe de 2.000 ptas. La esfera del reloj, debe de ser de 1 metro de diámetro y tener cuerda al menos para 8 días, teniendo que dar las horas, las medias y los cuartos, para lo que le instalaron 3 campanas..

El reloj, fue adjudicado al relojero D. Rafael Toner y Sunar por el importe de 3.000 ptas., el 18 de Noviembre de 1912.

Finalmente y siguiendo la información que nos ha facilitado Juan Galán, el reloj fue inaugurado, el día 4 de Marzo de 1913.  (Martes), En dicha inauguración a la que asistió todo el barrio, ostentó la representación de la Parroquia, D. Faustino Mateo Naz, (párroco), que supo agradecer a las autoridades municipales que acudieron al acto,  (El alcalde no estuvo), el bien que le se hacía por este popular barrio.

El reloj, revolucionó al barrio, pues además de marcar las horas de celebraciones religiosas, (Ángelus, Vísperas, Oración, Ánimas, etc). ayudaba a las mujeres de aquellas casas, para guiarlas  de como llevaban las faenas de la casa. Muchas solían decir: "Ay las doce y la olla sin hervir". En fin que el reloj que era de contrapesos, fue un alivio para el barrio.

Durante muchos años, fue Luis Castillejo, el vecino de la Ribera, el relojero que le daba cuerda junto a los relojes de pared marca "Morell" que existen en la Iglesia de San Rafael. Por cierto que a principio de los años cincuenta, este simpático relojero que tenía el taller en San Pablo (hoy toldos Estévez), se llevó un susto tremendo cuando el Autobús (azul), de la Linea de San Lorenzo, se metió en la Confitería San Pablo. que era el local por encima. A raíz de esto, el bueno de Luis, dejó de darle personalmente cuerda al reloj y en su lugar lo hacía "Rafael el hijo de Rosa", del Arroyo de San Lorenzo..

EL RELOJ EN LA MILI

 En aquel campamento CIR nº 5,  donde en compañía de Pepe Millán, Manolo Vargas, Meléndez Villagras, Pepe Lara, Bernardo Moreno, Rafael López, Ángel Márquez, García Maroto, se convivía en aquella primera compañía primer batallón. Todo bajo aquellas chabolas que fueron “licenciadas” a la quinta siguiente (1967).

Aunque en el Servicio Militar, los toques de trompeta marcaban los horarios de la tropa, por las mañanas, era el reloj del cabo primero Luís Pilo Sanz, el que al toque de su silbato, no sólo había que despertarse, sino que había que estar formados en la puerta de la chabola, con correajes, cartucheras y mosquetón. Eso era una exigencia que costaba mucho cumplirlo, pues a la chabola con doce soldados (1 cabo veterano y once reclutas), se le hacía “responsable” con que solo uno de sus componentes no se incorporara a tiempo. Una noche de lluvia, se pujó el nudo de la cuerda que cerraba la puerta de la chabola, y por la mañana no hubo quien la abriera, consecuencia, paso ligero cuesta arriba, porque el reloj (“el silbato”), nos había puesto falta. Hoy viendo aquellos comportamientos, llegamos a la conclusión de que el Cabo primero Sr. Pilo, no llegaría a General, y que ahora ya “jubilado” tendrá que reconocer que era excesivo “tocar el silbato” para que la tropa se despertara y no admitir circunstancias de lluvias ni imponderables de que la cuerda se pujara. El paso ligero aquel de “cerro arriba y cerro abajo”, no hay quien no lo quite ya, pero al menos debe de servir de recordatorio de que en aquella ocasión, este simpático cabo primero, se pasó un poco con unos pobres reclutas.
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LA CALLE EL RELOJ

La simpática y estrecha calle de Córdoba, con sabor a vino. Primero porque por allí andaban las bodegas Pozo, segundo porque en dicha calle desembocaba la Calle Munda, que además de tener el Colegio de Árbitros, tenía casi más metros cuadrados de taberna que de viviendas. Allí se juntó la Taberna más moderna que era la Barrera, inigualable por sus boquerones fritos y sus tertulias de fin de semana. Más arriba, Casa Camilo, taberna clásica en donde las hubiera  y en la que la mayoría de los clientes usaban la corbata como atuendo de respeto para tomarse sus medios. Luego estaba la taberna Munda, famosa porque en ella se encontraban al mediodía los empleados del centro farmacéutico de la Compañía.

Para algunos que se empeñaban en tomarse sus medios, pasara lo que pasara, el tiempo y el reloj, perdía toda actualidad. Era la oscuridad que entraba por el patio y la calle, lo que determinaba que era hora de abandonar el mostrador.




     





5 comentarios:

Anónimo dijo...

Al leer esto del reloj, pienso que todos tenemos vivencias relacionadas con dicho instrumento.
Recuerdo que estando en la relojeria suiza de la calle nueva llamada Claudio Marcelo, empezaron a sonar de golpe todos los relojes Cu-Cus. Una clienta se quedó impresionada y su marido le compró en aquel momento un cu-cu, que todavía tiene, y que funciona.
Uno de mis compañeros en Westinghouse, de izquierdas, era muy aficionado a esas cosas de las marcas, y hablaba de los relojes Rolex, que por lo que se ve le gustaban, deseando comprarse uno del que decía que costaba unas cien mil pesetas. En aquellos momentos yo no sabía eso de los Rolex, pero aquella cosa se me quedó en mi memoria.
Estando en Las Ventas en la presentación de Finito como novillero, yo llevaba un reloj Seyko, de esos electrónicos,y por lo tanto no iba a la moda, y ya se sabe para eso de la moda como son las mujeres, así que tuve que comprar un reloj que estuviera a la moda. Me acordé de aquel compañero de Westinghouse, y me compré un Rolex que me costó unas trescientas mil pesetas, porque el euro no estaba en vigor, aunque poco vigor tiene. No se me ha roto, y sigue estando de moda, me parece que ahora cuesta cerca de seis mil euros.
Fue una buena inversión. En uno de mis viajes a Córdoba, me hubiera gustado enseñarle el reloj a mi compañero de trabajo, porque sé que le hubiera encantado. No pude hacerlo porque había fallecido. Muchas veces cuando miro el reloj me acuerdo de esa anécdota.
El y yo, de distinta forma de pensar eramos amigos, aunque a él le gustaba por lo que se vé un poco más el consumo que a mí.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Anónimo


La marca Seyko era de una calidad total en aquellas épocas.

No te debe de extrañar el gusto de tu amigo de izquierdas por los buenos relojes Rolex.

Un jefe indio dijo en una ocasión, QUE SER DE IZQUIERDAS, era no poder tener lo que tenían los "capullos" de derechas.

(Siempre con honrosas excepciones)


Saludos

Manuel Estévez dijo...

"El Cartulinas"


Ayer precisamente enterraron al compañero Manuel Muñoz Alcaide, al que le disputaban el apodo de el "Cartulinas".

De el Alcázar Viejo de toda la vida cuando llegó la fiebre de la CREA, en fábrica, le propusieron a él que trabajaba en MONTAJE DE CABINAS, que si quería colaborar en el tema de los tiempos.

Y el contestó:

"Yo solamente tengo un reloj CAUNY, que se lo debo a Ogallas, si la fábrica me lo paga y me dobla el sueldo trabajaré con los tiempos".

En ese puesto trabajó su cuñado Rafael Leiva, al que también decían el "cartulinas".

Buena gente los "Cartulinas".

Lucas Jurado Marín dijo...

Hola Manuel, justo hoy me acordé de ti, pues en la sección del Diario Córdoba que publican fotografías antiguas, han publicado unas de Cenemesa y venía una pequeña reseña.

Saludos,

Lucas.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Lucas

Un periódico como el CÓRDOBA, que al depender de un partido político, pierden el sentido de la REALIDAD, se le cuelan MUCHOS FOTOS DE PIE, que no tienen nada que ver con la realidad.

Precisamente hace poco tiempo daban una "supuesta foto" de un acto en la Universidad Laboral de 1956, y se les ocurre poner de gobernador a LANDIN CARRASCO y además mencionan a Girón de Velasco, que jamás hizo visita alguna a la Universidad.

A la gente no se le puede engañar con fotos.

En cuanto a la foto de Westinghouse
no de Cenemesa, como han puesto, la fecha, no se corresponde para nada con los personajes que aparecen en ella.

En la foto aparecen entre otros, Francisco Fresco García, Fermín Pérez González, y el mismo Sr. Porras (Asesor juridico), que para aquellas fechas, ya no tenían nada que ver CON EL JURADO DE EMPRESA.

La verdad no tiene nada más que una realidad.


Saludos, amigo jurado